Según la enciclopedia de la Lengua Castellana (Editorial Sopena, Argentina, 1958), es un conjunto de creencias y dogmas acerca de la divinidad, de sentimientos, de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la conducta individual y social, y de prácticas rituales, especialmente la oración y el sacrificio para tributarle culto.

La religión —cualquiera fuese— consiste en la creencia o adoración de uno o varios dioses. Además, conlleva la noción de obediencia a los mandamientos divinos, conforme estén plasmados en las Sagradas Escrituras de cada religión. En el caso del cristianismo, incluye un compromiso de fe en Jesucristo que va más allá de los límites de una ideología. Otra definición de religión: conjunto de creencias y deberes que surgen de la dependencia del hombre con Dios; asimismo, como la expresión de la relación del hombre con Dios.

El Concilio Vaticano II ha dicho que el ejercicio de la religión consiste, antes que nada, en aquellos actos interiores, voluntarios y libres, mediante los cuales el ser humano marca el curso de su existencia en dirección hacia Dios.

Como se ha visto a lo largo de esta lectura, todas las naciones, todas las civilizaciones —aún las más primitivas—tienen algún tipo de creencias, ceremonias o rituales y código de moral. Y, aunque la variedad de estas expresiones religiosas es bastante amplia, este hecho —comprobable históricamente- demuestra la existencia del deseo de Dios por parte de los seres humanos y la existencia de la ley natural; ambas cosas inscritas por Dios mismo en el corazón de todos los humanos.

La religión, entonces, es parte de la misma naturaleza del hombre. El problema es que en los últimos años, aunque recientemente ha habido un resurgimiento del espíritu religioso, este se ha desviado y muchas personas han pretendido diseñar una religión propia, una combinación de muchas otras acorde a cada individuo. Y esto, entre otras cosas, ha dado lugar al surgimiento de las sectas.

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